En la mayoría de los casos, estos eventos se asocian a factores de riesgo clásicos conocidos y, en una proporción alta, modificables y prevenibles, como son el tabaquismo, el colesterol elevado, la hipertensión, la diabetes y la obesidad.
Así, en el 90% de los infartos se puede identificar un factor de riesgo cardiovascular evitable y potencialmente reversible, entre los que el más importante es el tabaco, pero también una dieta insana y la falta de ejercicio físico, dos malos hábitos que pueden conducir a la alteración de las cifras de presión arterial, el colesterol, los lípidos en sangre, la obesidad y la diabetes.
“El 80% del riesgo de infarto se puede eliminar solo dejando de fumar, con ejercicio físico regular y una dieta sana, rica en frutas y verduras, lo que no es difícil ni es caro.
No hace falta gastarse dinero en medicamentos, sino hacer un cambio en los hábitos de vida y concienciarse de que debe ser así”, destaca el Dr. Alfonso Varela Román, secretario general de la SEC y cardiólogo del Centro Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela.
“Esta disminución del 80% del riesgo de infarto, por no fumar, hacer ejercicio y seguir una dieta sana, se consigue porque estas medidas inciden directamente en otros factores de riesgo: reducen la hipertensión arterial, los lípidos (el colesterol y los triglicéridos) y previenen la diabetes o mejoran su control, si ya se ha instaurado”, añade el Dr. Varela Román.
Factores de riesgo, obesidad abdominal y síndrome metabólico
La mayoría de las veces el riesgo cardiovascular de una persona no se debe a un solo factor, sino a varios. En estos casos, el riesgo cardiovascular resultante de estos factores no es una suma de los mismos, sino que se multiplica.





