Durante el encuentro ha quedado patente que la esquizofrenia es uno de los trastornos mentales más graves e incapacitantes y tiene un enorme impacto en la calidad de vida de los pacientes y en la de sus familiares y cuidadores. "El coste socioeconómico de esta enfermedad se traduce en gastos derivados de la atención médica y pérdida de productividad laboral de los afectados y sus familiares", ha destacado el doctor Celso Arango, director científico de CIBERSAM.
El tiempo medio entre la aparición de síntomas y el diagnóstico es de más de 2 años; y para su tratamiento, actualmente, sólo se cuenta con fármacos eficaces para parte de los síntomas del trastorno como los delirios o las alucinaciones, pero no para otros tan importantes como la apatía, la asocialidad o los problemas cognitivos.
Lo cierto es que algunos de los síntomas relacionados con la enfermedad aparecen a edades tempranas, pero su diagnóstico no se produce hasta varios años más tarde, en gran medida por la estigmatización de la enfermedad mental; el miedo de los padres al rechazo social o, simplemente, la confusión entre las primeras manifestaciones con los efectos provocados del consumo de alcohol y de sustancias tóxicas.
La edad media del primer diagnóstico suele darse a los 25 años y del mismo modo que los familiares aplazan la consulta con el psiquiatra, el tratamiento también se demora hasta muchos años después.
"En esta patología, como en el resto de la psiquiatría, es fundamental el diagnóstico precoz y la intervención temprana", afirma Arango, quien destaca que "muchos de los antipsicóticos utilizados en los adultos pueden ser utilizados en los niños y están revelando su eficacia".
La esquizofrenia se ha asociado tradicionalmente a la desconexión y a la confusión de la realidad. Los delirios, las alucinaciones y las alteraciones del pensamiento son los síntomas más visibles, pero no son los únicos ni los más importantes.
Estos pacientes expresan cierta pobreza afectiva, apatía, desinterés e insociabilidad y/o problemas en la concentración y en la atención, que les obligan a vivir al margen de la sociedad, impidiéndoles llevar una vida normal.
Entre el 60 y el 80 por ciento de los casos responden a un factor genético, pero no es el único desencadenante. Estudios epidemiológicos recientes relacionan la enfermedad con causas ambientales, como la urbanicidad, la exclusión social o la inmigración.





