Si se es capaz de subir dos pisos de escaleras sin tener dolor en el pecho o fatiga excesiva, el paciente es capaz, desde el punto de vista físico, de mantener relaciones sexuales plenas.
Quienes en cambio tienen síntomas inestables o graves deben tratarse y estabilizarse antes de retomar las relaciones sexuales. La actividad sexual en los pacientes que han sufrido un infarto de miocardio puede ser lo más normal posible y, en muchos casos, absolutamente similar a las personas sin enfermedad coronaria. En líneas generales, puede reanudarse a las dos semanas del alta hospitalaria.
Tras un infarto, un by-pass o una angioplastia, se recomienda someterse a un test de esfuerzo (vulgarmente conocido como "la cinta"). Si se puede caminar y subir la pendiente durante más de 6 minutos, también se estará capacitado para volver a practicar sexo sin problemas. Las necesidades del corazón durante el coito son menores al esfuerzo realizado en esta prueba.
Corazón y disfunción sexual
A los enfermos cardiovasculares que toman medicación les suele preocupar el hecho de que los fármacos puedan cambiar su vida sexual. A veces es difícil dirimir si el origen de la disfunción sexual es orgánica o psicológica.
Las disfunciones en la vida sexual de los pacientes coronarios suelen tener tres orígenes diferenciados pero relacionados entre sí. Por una parte está el propio proceso orgánico de la arteriosclerosis y los factores de riesgo que la desencadenan o contribuyen a su empeoramiento (diabetes, hipertensión, hipercolesterolemia...); por otra, están los factores psicológicos, como la ansiedad y la depresión, y finalmente, algunos fármacos que pueden alterar la función sexual.
Una encuesta reciente muestra que casi la mitad de los pacientes cardíacos españoles desconoce, o no tiene claro, la relación que hay entre los problemas de erección y su enfermedad cardiovascular.





